Return to The End

Eres un cero a la izquierda. A nadie le importa lo que digas o hagas. Es llegar tú, y todo el mundo de pronto tiene cosas más importantes que hacer. No te creas que la gente te desprecia, es sólo que no les llamas la atención, te consideran muy aburrido y piensan que no tienes nada que ofrecerles. Eres como ese amigo introvertido y callado que siempre ha estado ahí, vagando como un fantasma errante entre la marea humana, invisible a la vista de todos. Suspiras deseando que algún día alguien se fije en ti, y a veces realmente te esfuerzas, eso no se te puede negar, suele ser ese minuto de gloria que tienes una vez al año, y que guardas grabado a fuego en lo más profundo de tus recuerdos cómo uno de los momentos más maravillosos de tu vida. Así de solo y desesperado estás, y no debería ser así.

La vida de los Créditos Finales es ingrata. Esa parte de la película que a nadie le interesa ver. Sufriendo el menosprecio de la propia sala de cine cuando encienden las luces nada más salir el rótulo que anuncia el “The End”, convirtiéndolo en una señal para que nos demos el piro, aquí ya no tenemos nada más que ver. Abandonamos los créditos entre la indiferencia y los comentarios que abarcan un amplio espectro de reacciones: Nunca falta el típico “pues me la esperaba mejor”, el clásico “menudo coñazo, casi me he dormido” , el emocionante “casi lloro con el final” o el siempre excitante “cariño, ¿dónde quieres ir a cenar?”. Todo eso mientras los nombres y apellidos del equipo de producción van desfilando de arriba a abajo acompañados solemnemente por alguno de los temas musicales de la banda sonora que suenan de fondo. Vidas humanas que han dedicado todo su tiempo y esfuerzo y han puesto todo el cariño del mundo para llevarnos a otro mundo y hacernos creer en lo imposible. Ir a ese lugar dónde radica la magia del cine, a nuestra segunda estrella a la derecha particular. Ni aún con todo eso se logra evitar convertir la sala de cine en un frío y vacío monumento al desinterés. Afortunadamente quedamos unos pocos que sí nos quedamos hasta el final y, aparte de obtener las miradas asesinas de los acomodadores por seguir allí, también podemos descubrir y deleitarnos con auténticas joyas más allá del “The End”.

SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ!!

Brazil (1985)

Seguramente la película más icónica de Terry Gilliam, con esa visión futurista tan oscura y claustrofóbica, en la linea de 1984 de Orwell, que se culmina con un final de lo más deprimente. Con razón Gilliam tuvo peleas con los productores para que cambiasen el final y no fuera tan desmoralizador (a día de hoy sigue el conflicto). Los créditos aparecen con un plano de fondo de nuestro protagonista totalmente derrotado, despidiéndose de su propia existencia. Y es en ese momento cuando empiezan a sonar los acordes de “Brazil”, ritmo de samba como contrapunto a la miseria de Sam Lowry.

 

Evangelion: Death and Rebirth (1997)

Intentar analizar Evangelion es tarea harto complicada. Su ya de por sí enrevesada trama se complica cuando en las versiones cinematográficas (también animadas) de la serie anime de culto cambiaron parte de la historia e incluso del significado de muchos de los elementos de la serie. Éste drama psicológico es un hito en la historia de la animación. Aderezado con buenas dosis de acción, famoso por las luchas titánicas entre los EVA y los Ángeles (Pacific Rim no inventó nada) mientras al mismo tiempo la psique de los protagonistas se va derrumbando poco a poco. El final de la primera adaptación cinematográfica viene seguido de unos créditos finales en los que su aparente simplicidad deja entrever un trasfondo filosófico cargado de muchos significados. Y todo esto con un simple atardecer. A veces en la sencillez está la perfección.

 

Wall-E (2008)

Cómo reza el título del video, se podría considerar la mejor secuencia de créditos, y yo casi que añadiría “de la historia”. Wall-E es una de esas películas que encandilan desde el primer al último instante. Capaz de tocar la fibra más sensible, las aventuras de este robot parco en palabras pero que rebosa emoción nos conmovió a todos. Y el colofón fueron esos Créditos Finales que son espectaculares. Es casi otra película. Nos cuenta qué ha sido de la humanidad tras reencontrarse con su hogar, y lo hace a través de todas las épocas artísticas del ser humano: desde las pinturas rupestres, a la pintura egipcia y romana, pasando por el renacentismo, impresionismo, puntillismo y expresionismo, para al final acabar ya con los primeros gráficos por ordenador. Una obra de arte de principio a fin.

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