Padre e Hijo

¿Os acordáis de esa revista que se llamaba “Ser Padres Hoy”?, en ella se daban valiosos consejos a todos aquellas parejas que se embarcaban en esa aventura que es la paternidad. Mis padres guardaban todos los videos tutoriales que regalaban, y hasta me los hacían ver a mí, imagino para enseñarme lo difícil que es ser padre y que fuese más comprensivo con su labor como padres. O simplemente para tenerme entretenido, los hijos no solemos valorar en su justa medida lo que hacen los padres por nosotros, así que ellos se conforman con que no demos la tabarra. Con qué poco se alcanza la felicidad.

Volviendo al tema, Marvel parece que también trata de darnos algunos consejos sobre paternidad, las claves que la definen y todas aquellas cosas que tanto padres como hijos esperan unos de otros, en este sentido juega un papel importante Ego, padre biológico de Starlord interpretado por Kurt Russell (los ochenta seguirán vivos mientras este hombre respire, pura nostalgia) que esconde más de una sorpresa, y no todas buenas. También importantes los papeles que juegan Yondu y Rocket, entremezclando y desarrollando las tramas de ambos para poder entender mejor al primero. Porque ser padre no siempre es un derecho de nacimiento.

Guardianes de la Galaxia: Volumen 2, viene a ser más de lo mismo que la primera parte, aunque en este caso sobran las presentaciones y se pueden centrar directamente en desarrollar los personajes, una decisión lógica pero tal vez no todo lo bien ejecutada que debiera, ya que existe cierto desequilibrio entre desarrollo de personajes e historia. El desarrollo de los personajes es correcto, pero en este caso la historia es menos convencional ya que no sigue las pautas del clásico “viaje del héroe (o héroes)” de la primera parte, aquí los personajes quedan desperdigados desarrollando cada uno su trama, no hay un villano definido hasta el tercer acto del film (Disney está abusando un poco de esto últimamente), y la sensación al final es de falta de cohesión y desarrollo de la historia algo atropellado. Dicho esto la película me encantó a pesar de sus defectos, sin embargo también posee sus virtudes, que no son pocas.

La familia debe de ser el tema más manido en Hollywood, ya sea un drama, una comedia o una película alocada de ciencia-ficción sobre un grupo de pringaos intergalácticos. En este caso era evidente que así sería al introducirnos a Ego, padre biológico de Starlord. Aunque era previsible que esta secuela orbitara sobre los asuntos familiares, no por ser más previsible la hace peor. El gran acierto reside en no limitarse en la obviedad para el espectador (por previsible) que supone que nuestros protagonistas pasen de ser una pandilla basura a convertirse en familia (oh, no me lo esperaba!), si no ir más allá, justificar por qué se estrechan tanto los lazos. Habitualmente se sigue la regla de que “el roce hace el cariño” y aceptamos la creación de unos lazos familiares entre personajes con la misma inercia que una manzana cae de un árbol, como si fuese algo natural. Muchas películas y series llegan a un punto que los personajes no dan más de sí, y la solución es hacerlos evolucionar en un plano familiar, crear una familia, casarse, tener hijos, etc., y éste es un proceso que tenemos tan interiorizado que hace tiempo no nos preguntamos si forma parte del desarrollo lógico de unos personajes ficticios, simplemente lo aceptamos porque es el desarrollo que consideramos lógico en nuestras vidas. La genialidad de Guardianes de la Galaxia es que el desarrollo de los personajes permite vislumbrar sus motivaciones, y entender por qué necesitan convertirse en familia, y en ese proceso entran las relaciones paterno-filiales, que se convierten en el punto neurálgico de semejante montaña rusa emocional.

Cuando Ego aparece, la película juega con el hecho de que tanto Starlord como los espectadores nos vemos ante la obligación de aceptar “porque sí” que ese tipo tan molón es su padre (es Kurt Russell, cualquiera lo querría adoptar como padre…¿se pueden adoptar padres? Tengo que estudiar esa posibilidad…), un tío genial, que centra todos sus esfuerzos en caer bien a su hijo, algo que a priori deberíamos aceptar como algo natural. Evidentemente las apariencias engañan, pero el conflicto que se le presenta a Starlord nos sirve a nosotros como reflexión del verdadero significado de ser padre, y es aquí dónde brilla con luz propia el film.

Es entonces cuando la película entra en una fase de desarrollo puro y duro de personajes a partir de los conflictos, ya sean dialécticos (Rocket-Yondu) o a guantazo limpio (Gamora-Nébula), porque incluso en las mejores familias las discusiones son inevitables, y de las experiencias amargas, siempre se aprende algo y se acaban por estrechar lazos. Detrás de esta mala hostia, los traumas y demás actos vandálicos tenemos unos personajes que simplemente quieren amar y ser amados, y muchas veces nos cuesta darnos cuenta de algo tan elemental.

Y en esas que Starlord, necesitado de una figura paternal, acaba por descubrir quién fue siempre su verdadero padre: Yondu, ese que le acogió (le secuestró), le inculcó un estilo de vida sano (le convirtió en un pirata sin valores) y le cuidó con todo el cariño del mundo (casi le mata). Y es que las relaciones entre padres e hijos son a veces complicadas; discusiones, falta de entendimiento, esas cosas que hace un padre que saca de quicio a su hijo…son simplemente dos formas de ver el mundo chocando. Un padre, al final de todas las cosas, dará la vida por su hijo sin pestañear, y llegará el momento en que nos dejen atrás, y es en ese momento cuando nos daremos cuenta de lo que significa realmente ser padre, y eso vale más que todos los Kurt Russell de la galaxia.

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